19 Sep PRÓLOGO DE DIEGO FERNÁNDEZ JIMÉNEZ EN LA REEDICIÓN DEL LIBRO “LOS GITANOS FLAMENCOS” DE PEDRO PEÑÁ FERNÁNDEZ
El Director del Instituto de Cultura Gitana, Diego Fernández Jiménez, ha efectuado una grabación de parte del prólogo de la reedición del importante libro del investigador Pedro Peña Fernández “Los gitanos flamencos”, que fue Premio del Instituto de Cultura Gitana 8 de Abril 2019.
La reedición se efectuó hace una semanas. Se trata de uno de los libros más importantes de la historia del flamenco y publicación de referencia para cualquier experto que quiera abordar temáticas flamencas.
PRÓLOGO LIBRO LOS GITANOS FLAMENCOS DE PEDRO PEÑA.
Es difícil para mí presentar este libro como Director del Instituto de Cultura Gitana porque mi relación con su autor, Pedro Peña, ha sido muy dilatada en el tiempo y está plagada de conversaciones y situaciones personales que hemos vivido desde los años 80 del pasado siglo. La Constitución del 78 acababa de nacer y muchas ventanas se comenzaban a abrir para que entrase el aire puro de la democracia, después de tantos años de represión política e intelectual. Siempre hubo dos elementos que me unieron a Pedro, la gitanidad que asociábamos obviamente al activismo político de la época, y nuestra pasión por el flamenco. Ahora, desde este Madrid que empieza a oler a primavera escribo este prólogo a una de sus obras literarias centrada sobre el flamenco.
Lo primero que quiero decir es que estamos en presencia de uno de los libros más importantes escritos sobre este arte. Creo que es justo comenzar con este a priori para que el lector entienda que Los Gitanos Flamencos no es uno más de los libros que se escriben con teorías más o menos afortunadas sobre diferentes aspectos. Es un libro importante por dos razones. En primer lugar, porque raramente, al menos en el ámbito flamenco, se dan en un escritor la doble condición de artista e intelectual a la que, obviamente habría de añadírsele la condición de gitano proveniente de una de las familias flamencas más prestigiadas históricamente. La segunda porque estas cualidades objetivas en el autor le han permitido una profundización en el ensayo que difícilmente se hubiesen conseguido en otro caso. Los gitanos flamencos no solo es un buen trabajo de investigación, sino que es un libro de referencia para cualquier experto que quiera abordar temáticas flamencas. Todos conocemos otros libros de referencia y por ello evitaré al lector su relación pormenorizada, pero éste es un libro de lectura imprescindible y, quizá, el que mejor aborda la cuestión desde el punto de vista pedagógico dada la condición también de docente del autor. Ello no significa que todo el mundo tenga que estar de acuerdo con las conclusiones a las que llega, pero sí que esas conclusiones son solventes y para rebatirlas, en su caso, se necesitan argumentos de la misma solvencia intelectual.
Pedro manifiesta en el libro que para definirse desde un punto de vista cultural no es suficiente acudir a su condición de gitano, que ya en sí misma tiene su propio sistema de valores, sino que es necesario igualmente acudir a su condición de flamenco. Pedro era un gitano flamenco como muchos gitanos españoles que escuchamos sonidos a compás en el vientre de nuestras madres, nos acunan por nanas flamencas, vivimos la semana santa escuchando saetas por martinetes, festejamos nuestros ritos de paso con cantes de fiesta flamenca y acudimos a los más variados palos y letras cuando nos ahoga la pena, nos inunda la alegría o queremos describir las más variadas escenas cotidianas. El flamenco para los gitanos no es una música, como el jazz tampoco lo es para los afrodescendientes, ni los ragas para nuestros antepasados hindúes. El flamenco tiene un componente filosófico que se expresa a través de sonidos. Recuerdo muchas conversaciones con Pedro en las que hablábamos de estas cuestiones, de cómo el flamenco era la gran enciclopedia literaria y filosófica del Pueblo Gitano a la largo del tiempo. Sus aportaciones a obras artísticas ya emblemáticas de la historia del flamenco como La Palabra de Dios a un Gitano y, sobre todo, Persecución junto a su hermano el gran cantaor Juan Peña el Lebrijano demuestran claramente el bagaje intelectual incuestionable que tenía Pedro y que de un modo u otro se refleja en Los gitanos flamencos.
Un elemento importante de la obra que no debe pasar desapercibido es la recopilación de letras flamencas, muchas de ellas familiares a las que se dedican capítulos que enmarcan el despertar de Pedro a la gitanidad. Este contexto familiar es fundamental en las grandes casas cantaoras, pero igualmente lo es en todas las familias gitanas que con mayor o menor brillantez interpretan diferentes palos flamencos. Flamenco y familia están tan unidas como el alma y el corazón, como la luz y la oscuridad, como Lebrija y Sevilla. El flamenco es el cante de las familias (familienqo, de las familias, genitivo romani) y es realmente simbólico ver como los mayores interpretaban letras de diferentes palos que han ido heredándose de generación en generación.
Quiero finalizar este prólogo relatando una de las reflexiones personales de Pedro con motivo de la concesión del premio del Instituto de Cultura Gitana 8 de Abril del año 2019. Los premios del Instituto se han ido convirtiendo a lo largo de los años en los más importantes de la cultura gitana que se conceden en el ámbito internacional. Como Presidente del jurado, compuesto por reputadas personalidades de la cultura gitana, tuve el honor de escuchar la defensa que algunos de los miembros efectuaron sobre su personalidad intelectual. El jurado votó por unanimidad la concesión del premio más importante, el de toda una trayectoria. El 8 de Abril, Día Internacional del Pueblo Gitano, en el auditorio del Museo del Prado de Madrid Pedro subió al escenario lentamente y después de agradecer la concesión del premio dijo:
“Agradezco a mi padre que nos inculcara la idea de la superación y que se sacrificó para que nosotros estudiáramos, porque en la educación está la clave de nuestra lucha. Hoy estoy contento de ver el camino que habéis hecho y solo quiero que sepáis que cuando, como decía Machado, llegue la nave que nunca ha de tornar solo quiero que se diga de mí que fui un buen gitano.”
Todos nos levantamos aplaudiendo con el corazón entrecortado por la emoción porque estábamos en presencia de un gran hombre, de un enorme intelectual y de un buen gitano. Su magnífica obra, Los gitanos flamencos, es la mejor demostración de las tres cualidades. Felicito a todas las personas que han hecho posible esta nueva edición.
Diego Fernández Jiménez,
Director del Instituto de Cultura Gitana, Fundación Pública del Ministerio de Cultura.
