La Fundació Palau acoge la exposición ‘Nonell, Vallmitjana i els gitanos’

Desde el Instituto de Cultura Gitana recomendamos la exposición Nonell, Vallmitjana i els gitanos, dedicada a la relación de amistad entre Isidre Nonell y Juli Vallmitjana, artistas catalanes de principios del siglo XX, y a su interés compartido por el pueblo gitano, no solo como motivo pictórico sino como identidad a la que quisieron acercarse. La Fundació Palau (Caldes d’Estrac) acoge en formato expositivo la investigación de Julià Guillamon, comisario de la muestra, presentando en dos de sus tres plantas obra pictórica, documentos y fotografías que sitúan el interés por el pueblo gitano como eje vertebrador de la relación y la producción de ambos artistas.

El recorrido propone pasar por diferentes temáticas, como la Barcelona de principios del siglo XX, el interés del gremio de artistas por el flamenco, la figura de la modelo gitana Consuelo o el éxito de la obra Els Zin-calós. Desde el momento presente, la muestra permite ver cómo ambos artistas presentaron al pueblo gitano como sujeto artístico, pero su producción no se puede separar de un contexto profundamente antigitano donde sus obras causaron mucho revuelo. Sin alejarse por completo de la mirada exotizante, hoy sus aportaciones siguen siendo relevantes en tanto en materia pictórica y teatral como para la memoria del pueblo gitano.

El interés por el pueblo gitano

Isidre Nonell y Juli Vallmitjana empezaron a pintar los suburbios de la Barcelona de 1894, fijándose al mismo tiempo en las barracas de la ciudad. Con motivo de esta primera época pictórica fueron denominados la Colla del Safrà, en referencia a la tonalidad azafranada de sus obras. Los artistas de 1900 se sentían fascinados por el flamenco y frecuentaban el Cafè Sevilla, en el Paral·lel de Barcelona. Además de compañeros artísticos —trabajaron juntos antes de distanciarse por desavenencias—, ambos compartieron ese mismo interés por el mundo gitano que marcaría sus respectivas trayectorias.

Nonell y su serie sobre gitanas

Isidre Nonell (1872-1911) expuso en 1902 y 1903 en la Sala Parés de Barcelona sus retratos de gitanas en enero de 1902 y en noviembre de 1903, lo que supuso un alud de críticas en diferentes medios de la época, argumentando que el pueblo gitano podía ser sujeto de una investigación social o etnológica, pero no podía ser materia artística.

Hacia 1910 las cosas cambiaron y la exposición de Nonell en la Faianç Català fue un éxito. Sus cuadros fueron vendidos y nuevos críticos aclamaron su obra.

Consuelo Jiménez, la musa

Entre los retratos de Nonell, destaca la figura de Consuelo Jiménez, una joven gitana a la que conoció siendo aún una niña —llegó a asistir a su boda— y que se convirtió en su musa. Esta muestra presenta fotografías de Nonell junto a Consuelo y su abuela. Consuelo también fue modelo de Sebastià Junyent, y en el archivo de Juli Vallmitjana se conservan numerosas fotografías suyas, prueba de la estrecha relación que mantenían.

Vallmitjana aprendió caló y viajó a Madrid, Córdoba y Granada para conocer mejor el mundo gitano. Consuelo murió en un temporal en noviembre de 1905, y Vallmitjana escribió sobre ello el relato “El pintor i la model” (1906). En la obra Els Zin-calós, los personajes gitanos hablan de este mismo suceso.

Els Zin-calós

El 16 de enero de 1911, Juli Vallmitjana estrenó en el Teatre Principal de Barcelona la obra Els Zin-calós, una suerte de Romeo y Julieta entre gitanos arraigados y forasteros, ambientada el día de los difuntos. La protagonizó Margarida Xirgu, quien años más tarde, en la década de 1930, interpretaría las tragedias gitanas de Federico García Lorca. La obra narraba el amor de una joven gitana de Hostafrancs por un gitano nómada, y la crítica la interpretó como un teatro poético alejado del naturalismo, presentando a Vallmitjana como un salvador del teatro catalán.

Vallmitjana también escribió Tassarba (sobre el pasado mítico de los gitanos, concebida como libreto de ópera), Cants d’Orient (1913) y La caravana perdida (1927), ampliando su exploración literaria del mundo gitano más allá del teatro.

Después de la ruptura

Nonell y Vallmitjana se distanciaron por desacuerdos y roces artísticos en 1908. Tras la ruptura, Enric Pascual Monturiol se convirtió en el amigo íntimo de Vallmitjana —también cercano al pueblo gitano— y pintó obras hasta ahora poco conocidas. Junto a Joaquim Biosca, diez años más joven, ambos siguieron la senda abierta por Nonell.

Se dice que los dos artistas rompieron con el estereotipo folclórico y romántico del pueblo gitano, ya fuera a través de apuntes rápidos del natural o de composiciones pictóricas y literarias más elaboradas. En 1918, Ignasi Mallol pintó una gitana como homenaje a Nonell, y en 1922 la Sala Dalmau organizó una exposición póstuma impulsada por el grupo Nou Ambient, que abrió camino a la recuperación de su figura.

 Una mirada que sigue interpelando

Más de un siglo después, la exposición de la Fundació Palau permite releer la obra de Nonell y Vallmitjana sin la condescendencia con la que fue recibida en su momento. Lo que la crítica de principios de siglo consideraba “materia no artística” —los rostros, los gestos, la vida cotidiana del pueblo gitano— es hoy el elemento que da a esta producción su valor documental y humano. Ni Nonell ni Vallmitjana escaparon del todo a la mirada exotizante a la mujer gitana de su época, pero ambos se apartaron del tópico romántico y folclórico para acercarse a personas concretas: Consuelo, los gitanos de Hostafrancs, los habitantes de las barracas de la Barcelona modernista. Esa tensión —entre la fascinación y el estereotipo, entre el retrato y la caricatura— sigue siendo, más de cien años después, una pregunta abierta sobre cómo se representa al pueblo gitano.

La muestra reúne más de 200 piezas, entre pinturas, dibujos, fotografías y documentación inédita sobre la época, y puede visitarse hasta el 27 de septiembre en la Fundació Palau de Caldes d’Estrac.