El Instituto de Cultura Gitana participa en el Día de la Memoría del Holocausto en el Senado

Intervención del Director del ICG, Diego Fernández, que recordó los crímenes contra los gitanos/as y la importancia de la construcción de la memoria histórica. Se interpretó además el emotivo himno gitano Gelem Gelem por parte de la cantaora «La Negri» acompañada al piano por el director de orquesta Paco Suárez.

Un año más ha tenido lugar la conmemoración del Día Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad. En el acto han participado numerosas autoridades, como Pilar Llop, Presidenta del Senado; Carmen Calvo, Vicepresidenta primera y Ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática; Isaac Querub, Presidente de la Federación de Comunidades Judías de España; Diego Fernández, Director del Instituto de Cultura Gitana; Concepción Díaz Berzosa, Vicepresidenta de Amical Mauthausen; y Miguel Lucas, director general del Centro Sefarad-Israel.

Por otra parte, han estado presentes también Isabel Celaá, Ministra de Educación y Formación Profesional; secretarios de estado, embajadores, representantes políticos y diferentes colectivos de víctimas del Holocausto.

Discurso de Diego Fernández, director del Instituto de Cultura Gitana, en el acto del acto del Senado durante el Día de la Memoria del Holocausto:

Presidenta del Senado, Vicepresidenta del Gobierno, Ministra de Educación, Representantes de la Comunidad Judía, de los Exiliados Españoles, director de la Casa Sefarad, embajadores, autoridades, amigas y amigos.

Un pueblo llega a su mayoría de edad y adquiere conciencia de sí mismo cuando estudia su pasado y se da cuenta que gran parte de su familia han sido discriminados, golpeados o asesinados solo por el hecho de pertenecer a su etnia.

Y entonces, es dueño de un gran secreto, un secreto que compartimos la comunidad Judía, la comunidad Gitana y otras comunidades que han sufrido ese exterminio. Y es que la visión de la realidad no es completa si no se pasa a través de los latidos del corazón. Porque la identidad de nuestro pueblo es el sonido de esos latidos, las alegrías y las penas de nuestros antepasados que están con nosotros cada día de nuestra vida.

Además, en el caso del pueblo Judío y del pueblo Gitano, los intentos de exterminio han sido graves y reiterados a lo largo de la historia. Cuando Mahmut al Gazni, invade el noroeste de la India y provoca la primera gran diáspora, asesinó a centenares de miles de Gitanos. El Santo Oficio asesinó a centenares de miles de Gitanos en episodios tan sangrantes como la Gran Redada de 1749 en España, episodio que aun ni siquiera ha sido reconocido en nuestro propio país, aunque tenemos la esperanza de que eso ocurra en esta legislatura.

Las Gitanas y los Gitanos han sufrido discriminación. Durante la época nazi, en 1933, se empezaron las esterilizaciones masivas en contra de las gitanas. En 1940 en Buchenwald, 250 niños sufrieron los temibles cristales del ciclón “B”, un veneno hecho a base de cianuro, que demostró cuanto tiempo tarda en morir un niño. En 1941, más de 15.000 gitanos fueron asesinados con camiones de monóxido de carbono en Chelmno, algo que ocurrió después en Treblinka.

Los nazis no solamente asesinaron dentro de Alemania sino en todos los países satélites. En el gobierno de títere, de Ion Antonescu, murieron más de 80.000 gitanos en Rumanía. El llamado partido de la cruz flechada, en Hungría, asesinó a más de 100.000 gitanos. Y lo mismo podíamos decir en Bohemia, en Lodz, en Kulmhof, en Polonia, donde centenares de niños gitanos fueron estampados, literalmente, contra los troncos de los árboles.

No tengo tiempo ahora de explicarles ni las técnicas ni las cuantías, pero si quiero explicarles por qué asesinaron a los gitanos.

A nosotros no nos asesinaron por cuestiones económicas, ni por cuestiones religiosas, el exterminio gitano fue un exterminio estrictamente cultural. No les interesaba nuestra cultura.

Porque nuestra cultura es una cultura mágica, que se negaba a que la tierra dejará de ser verde, a que la noche dejará de ser mágica. Nuestra cultura hacía que se amara con pasión en mitad de la lluvia, nos negábamos a que se alambrarán los caminos. Nuestra cultura era una cultura donde se respetaba a la familia, y eso, nos hacía fuertes y pensábamos que los niños tenían que jugar al aíre libre, y por eso le regalamos el halo del viento a los niños y la luz de la vida a los muertos. Nuestra cultura era una cultura muy fuerte, y muy perjudicial para el poder establecido.

Por eso creo, que el mejor servicio que se puede hacer, desde el año veinte veinte, es invitarles a que se declare la Cultura Gitana, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Y por eso vamos a iniciar un expediente para esa declaración.

Y pienso que, va a haber mucha gente que nos acompañe sea o no sean Gitanos, eso es lo de menos, eso es lo de menos. Porque, cuando llegue la primavera, los Gitanos siempre vamos a recordar quién estuvo a nuestro lado en el largo invierno, quién nos dio lumbre durante el invierno, quién estuvo con nosotros en el largo camino del desierto, quién seco las lágrimas de nuestros niños.

Cuando llegue el tiempo de los Gitanos, siempre recordaremos quién nos dio la fuerza de sus manos, y quién pidió la paz y la palabra para defendernos. Cuando vuelva la música que se ha ido, los Gitanos siempre recordaremos quién nos prestó sus latidos para que nuestras guitarras siguieran sonando. Cuando la luna vuelva a iluminar el verde prado, los Gitanos siempre sabremos quién nos ayudó en el Lungo drom, en el largo camino, a través de los bosques, de los ríos y de los valles.

Cuando amanezca, cuando amanezca las Gitanas y los Gitanos pintaremos de azul y verde la mañana, y nuestra voz se escuchará clara, en el Senado. Porque, realmente, y solo entonces, habremos llegado a nuestra casa.

 

 

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