El director del Instituto de Cultura Gitana viaja a Berlin y participa en el homenaje de Estado que se ha rendido a Romani Rose: la lucha que abrió camino en Europa

El Hotel Adlon de Berlín acogió el pasado 7 de septiembre un acto solemne con motivo del 80.º cumpleaños de Romani Rose, presidente del Consejo Central de los Sinti y Roma Alemanes y una de las figuras fundamentales de la lucha por los derechos civiles de los Sinti y Roma en la Europa contemporánea.

El encuentro reunió a representantes de las instituciones alemanas, organizaciones de derechos humanos, comunidades religiosas y sociedad civil para rendir homenaje a una trayectoria que ha contribuido decisivamente al reconocimiento del genocidio nazi contra los Sinti y Roma, a la lucha contra el antigitanismo y a la consolidación de una agenda europea basada en la igualdad, la memoria y los derechos humanos.

Foto: Fionn Große

En una carta personal de felicitación, el canciller federal de Alemania, Friedrich Merz, destacó la importancia del compromiso de Romani Rose: «Alemania le debe una profunda gratitud y respeto. Usted nos recuerda a todos la permanente obligación de defender la democracia y la paz entre los pueblos y de combatir decididamente el antigitanismo, el antisemitismo y el racismo allí donde se manifiesten».

De la memoria del genocidio a la lucha por los derechos civiles

La historia del movimiento por los derechos civiles de los Sinti y Roma en Alemania hunde sus raíces en la experiencia de los supervivientes del genocidio perpetrado por el régimen nacionalsocialista. Ya durante la década de 1950, Oskar y Vinzenz Rose, junto con otros supervivientes, reclamaron el esclarecimiento judicial de los crímenes nazis y el reconocimiento de las víctimas.

Durante décadas, sin embargo, numerosos procedimientos contra los responsables fueron archivados y los supervivientes continuaron sufriendo exclusión, estigmatización y discriminación en la Alemania de posguerra. Una realidad que el presidente federal Frank-Walter Steinmeier describió en 2022 como una auténtica «segunda persecución».

No fue hasta 1982, durante el mandato del canciller Helmut Schmidt, cuando la República Federal de Alemania reconoció oficialmente que la persecución de los Sinti y Roma durante el nazismo había constituido un genocidio por motivos raciales. Romani Rose y sus compañeros del movimiento por los derechos civiles desempeñaron un papel fundamental en la consecución de aquel reconocimiento histórico.

Desde sus raíces organizativas en Heidelberg, aquel movimiento fue desarrollando una estrategia que combinó movilización cívica, memoria histórica, defensa jurídica, interlocución institucional y acción política, hasta convertirse en una referencia para organizaciones y movimientos Roma y Sinti de toda Europa.

Una responsabilidad compartida frente al racismo

El acto de Berlín quiso mirar tanto hacia esa historia como hacia los desafíos del presente. Entre los asistentes y participantes se encontraban Michael Brand, secretario de Estado parlamentario y comisionado del Gobierno Federal contra el antigitanismo y para la vida de los Sinti y Roma en Alemania; los representantes políticos Dirk Wiese, Petra Pau, Stephan Mayer y Britta Haßelmann, así como numerosas personalidades de la sociedad civil y las comunidades religiosas. Participaron asimismo Josef Schuster, presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania; Kirsten Fehrs, presidenta del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania; el obispo auxiliar Matthias Heinrich; Manfred Lautenschläger; Christoph Heubner, vicepresidente ejecutivo del Comité Internacional de Auschwitz; Oswald Marschall y Dawid Statnik.

Entre los representantes del ámbito cultural Roma europeo asistió también Anna Mirga, directora del European Roma Institute for Arts and Culture (ERIAC), institución de referencia en la promoción de la cultura, las artes y la representación Roma en el espacio europeo.

Uno de los momentos especialmente significativos fue la intervención de Josef Schuster, quien subrayó la histórica vinculación entre las experiencias de persecución de las comunidades judía, Sinti y Roma y reafirmó la necesidad de mantener una respuesta común frente al odio: «Nosotros, los judíos y las judías, estamos a su lado».

El mensaje atravesó buena parte de la jornada: la memoria de las persecuciones del pasado adquiere pleno significado cuando se transforma en responsabilidad democrática frente al antigitanismo, el antisemitismo, el racismo y cualquier forma de discriminación en el presente.

Una perspectiva europea

El programa incluyó también la mesa redonda «Perspectivas internacionales: el trabajo por los derechos civiles ayer y hoy», moderada por la periodista Shelly Kupferberg.

En ella participaron Soraya Post, política sueca y exdiputada del Parlamento Europeo, e Ismael Cortés, director del Instituto de Cultura Gitana y Romani Rose Fellow 2025 en la Universidad de Heidelberg, abordando la influencia que el movimiento por los derechos civiles desarrollado en Alemania ha ejercido sobre las luchas Roma y Sinti en otros países europeos, así como los nuevos desafíos políticos, culturales e institucionales a los que se enfrenta el movimiento en la actualidad.

La presencia conjunta en Berlín de representantes del Instituto de Cultura Gitana, ERIAC y otras instituciones y organizaciones europeas puso también de relieve la existencia de un espacio transnacional cada vez más articulado en torno a la memoria, la cultura, los derechos civiles y la representación política de los Roma y Sinti.

La participación del Instituto de Cultura Gitana en este encuentro se inscribe en su compromiso con el fortalecimiento de las redes europeas de cooperación, memoria y cultura Roma y Sinti, así como con el diálogo entre las distintas experiencias nacionales que han contribuido a construir un espacio común de defensa de los derechos y de reconocimiento de la diversidad cultural.

El homenaje estuvo acompañado por la exposición «El trabajo por los derechos civiles de los Sinti y Roma alemanes», que recorre la evolución del movimiento desde sus orígenes en Heidelberg hasta nuestros días.

Celebrar los 80 años de Romani Rose significa, así, mucho más que reconocer una trayectoria individual. Significa recordar varias décadas de lucha democrática por transformar la memoria en derechos, la exclusión en ciudadanía y el reconocimiento histórico en una responsabilidad compartida para el futuro de Europa.