CUADERNOS GITANOS: De la India a Soniquete pasando por Macondo

Conforme se iban abriendo y cerrando las puertas automáticas
y asomaban los viajeros atlánticos procedentes
de la capital del distrito de Cundinamarca me llamó la
atención lo que parecía una familia formada por seis
adultos, que desprendían un acogedor aroma a orégano
fresco, y una niña vestida con una camiseta que hacía propaganda
de un taller mecánico del antiguo municipio de Usaquén. Mis ojos
no pudieron por menos que atender a un hombre rubio que hedía a
perros muertos. Gracias al señor bendito la policía lo detuvo y se lo
llevó de allí, imagino que por infringir las normas internacionales
que regulan los vertidos tóxicos…

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Artículo de Sebastián Porras Soto