ACTO INSTITUCIONAL “MEMORIAL DEL SAMUDARIPEN 2017”

ACTO INSTITUCIONAL “MEMORIAL DEL SAMUDARIPEN 2017”: discurso de Diego Fernández, director del ICG

 

Los pueblos llegan a su mayoría de edad y adquieren conciencia de sí mismos cuando aprenden su historia y se dan cuenta de que muchos de sus antepasados han sido humillados, golpeados o asesinados solo por el hecho de haber pertenecido a su etnia. Entonces, se dan cuenta de que su gran herencia ha sido sobrevivir como pueblo.

En el caso de los gitanos, además, los intentos de exterminio han sido crueles y reiterados sorprendiéndose la antropología de cómo ha sido posible su continuidad a lo largo de los años. Buena prueba de ello han sido episodios como los que conmemoramos hoy en este Memorial, “La Gran Redada” de 30 de julio de 1749 en España o “La noche de los gitanos”, el 2 de agosto de 1944 en el campo de concentración de Auschwitz. En ambos acontecimientos murieron miles de gitanos y gitanas que hoy recordamos en este acto entre otras razones, porque los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Los gitanos somos personas de fe religiosa o de ideales. Hoy aquí nos hemos reunido evangélicos, católicos, bahais o ciudadanos éticamente comprometidos con la justicia, la igualdad y la libertad. Por eso quiero elevar mi voz con esta alabanza evangélica, con esta oración católica o con este poema de libertad:

Pido a Dios que ilumine nuestro camino en la noche oscura, que cuando nos humillen o nos agredan nos dé fuerzas y gritemos nuestro orgullo gitano como ruge la tormenta en mitad del desierto. Pido a Dios que nos dé el don de consolar a nuestros niños cuando el fuego terrible se acerque a nuestras ventanas o los racistas golpeen derribando nuestras puertas.

Pido a Dios que no permita que nos expulsen de nuestras ciudades Y que dé el bastón del poder a jueces y gobernantes que nos quieran Y que la justicia defienda a las víctimas y condene a los agresores. Pido a lo sociedad que nos deje poner lunares en los paraninfos de las universidades. Y en el hemiciclo del Congreso, y en las redacciones de los medios, y en las salas de las Audiencias, y en los diccionario de la Real Academia… para que nuestra voz se escuche sin intermediarios y nuestra música suene limpia y pura en el Reino de los Cielos, pero también en el Reino de la Tierra.

Opre Roma, Viva el Pueblo Gitano.

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